sábado, 26 de marzo de 2016

Toca-toca

Al menos tuvo la delicadeza de contarle lo que pasaba, lo que pensaba. Aunque bien pensado puede que no fuese de la forma más delicada.

Ella estaba cansada de pedir explicaciones, tampoco se sentía en el derecho de pedirlas. Estaba harta de preguntar, de hablar, de escuchar excusas que hasta un niño de parvulario podría elaborar con más gracia y coherencia. 

¿Puede que su reacción fuese exagerada? Sí, por supuesto. Pero hay que tener una cosa en cuenta: hay un momento, un sólo momento en el que ella, seriamente, exagera las reacciones... la falta de educación.

Se enfada con facilidad, aunque nunca ha sido rencorosa. Pero por mucho que pueda rebotarse, no va a negarle la palabra a nadie, no va a dejar que la persona que no quiere ver ni en pintura no pueda expresarse. Porque no, porque a ella no la han educado así.

Por eso sobreactúa, por eso dramatiza hasta el extremo cuando siente que es ella la que está al lado malo de esa educación inexistente, de esa falta de respeto. 

Y sólo hay una cosa, una sola cosa que puede soportar incluso menos que eso... el silencio. No el ajeno, como pudiese parecer, sino el propio.

El propio silencio de no poder decir todo esto a quien toca cuando toca lo que no toca.

Una pequeña mentirosa

domingo, 14 de febrero de 2016

Café americano o...

Hay historias que suceden para ser contadas, y otras que, aún sin haber sucedido, merecen ser contadas de todas formas. 

Fue un día cualquiera, de un mes cualquiera, en una ciudad cualquiera. Pero con Sol y ella sin gafas -situación complicada cuando era su primer día de vacaciones, ergo, del día anterior tenía sólo vagos recuerdos. 
Puede que se abrigara demasiado para salir, pues claramente no era un típico día de ese mes cualquiera, pero agradecía el pañuelo cuando en las esquinas el viento decidía arremolinarse. 
Llegó pronto, extremadamente pronto, pero su cuaderno, que llevaba cerrado  mucho tiempo, disfrutó de esos minutos de más sentada en la boca del metro.

Hablaron de la universidad, de lo que hacen y dejan de hacer, del día anterior y del siguiente. 
Y cómo no, tenía que ser así, pues toda buena historia -y quién diga lo contrario no está en su sano juicio- empieza con un café. 
Y de fiestas y salidas, y de planes realizados y por realizar, de bebidas -y café-, de sueños que soñaban dormidos y despiertos, de comida, mucha comida -y café-, de mil y una (o ciento y la madre, depende de lo finos que os sintáis hoy) banalidades que entre líneas dejaban ver algo más que la simple banalidad en sí misma -y café.

El café... fue gracioso porque no habían pasado más de dos días desde que lo comentaba con una compañera suya: 
"La gente que pide café americano... ¡No les gusta el café! Es agua con posos, ¡que pidan un té, un refresco, lo que sea, pero que no cometan semejante barbarie!"
- Buenas tardes, ¿qué os pongo?
- Un café largo, por favor.
- ¿Americano?
- Sí, gracias.
("¿Sí, gracias?" Por favor... ¡Pero si le estás insultando (al café)! No le des las gracias...)
- ¿Y para ti? 
- Yo tomaré un café con leche, gracias. 

Es curioso como su mente le hizo creer que todo sucede por alguna razón que nosotros mismos no podemos controlar. Y al final, cada día la importancia que le das a las cosas varía según el peso que ejerzan el resto de acontecimientos. Supongo que por eso no le dijo nada, quién sabe. 

Y podría contaros todos los paseos que dieron por esa ciudad cualquiera, que acabaron por cenar en uno de sus restaurantes favoritos, y que subieron a lo más alto para ver cómo las luces de la ciudad se fundían con el mar mientras la noche amanecía. 
¿Pero qué obtendría yo de eso? ¿Qué sacaría ella? Pues como se dijo aquella tarde:
"Café americano o la puta al río."
Así que tendréis que creer lo que queráis de esta historia: todo, nada, o sólo que aquel día tomó café... 

Y cómo no, tenía que ser así, pues toda buena historia -también- termina con un café... el que le deben a ella.

Una pequeña mentirosa
 

sábado, 13 de febrero de 2016

Recapitulando

Y vuelta a empezar. Cada vez duele más pero aún así, lo encaja mejor. ¿Será que está madurando? O quizás es que a todo se acostumbra una, incluso al dolor...
 
Hoy hace un día maravilloso, perfecto para pasar la tarde dando un paseo con un café en la mano y buena compañía. Y eso va a hacer, aunque se haya dejado las gafas de Sol, qué más dará, su cara intentando ver a través de los rayos de luz debe ser graciosa.
 
Eso es lo que no piensa perder, la gracia. Piensa seguir siendo la chica risueña de siempre aunque a veces no le sea del todo fácil. Va a seguir diciendo las mismas tonterías de todos los días y haciendo las mismas locuras que ha estado haciendo hasta ahora.
Porque como siempre dice:
"Está loca, majareta, pero las mejores personas lo están."
Y es que poco a poco va tomando forma, puede que no de la manera que ella imaginó unos años atrás, pero es una forma bonita, que le gusta y disfruta.
 
Este último año ha estado lleno de cambios y sorpresas, de dar la bienvenida y también de despedirse. Ella no ha cambiado, por eso. Como prometió, sigue siendo la chica que canta por la calle mientras escucha música, la que se pasa la parada de metro por estar escribiendo en su cuaderno, la que es incapaz de mantener su habitación en orden y su mente en blanco.
 
Pero es feliz. Feliz porque sabe que tiene a personas cerca suyo, y otras no tan cerca, que la quieren tal y como es. Con sus pros y sus contras, con sus subidas y bajadas y sus idas y venidas.
Creo que es lo que la hace especial; porque eso le dicen, que es especial, aunque ella no se lo haya creído ni una sola de las veces que se lo han dicho.
 
Y recapitulando, se siente afortunada, de la gente que ha dejado entrar, de la que ha dejado que se fuera y de a que aún sigue ahí. Pues de esas cosas son de las que debemos sentir orgullo, y lo sabe. Porque la familia la escogemos nosotros, entendiendo por familia como las personas que estarán a su lado pase lo que pase (típico tópico pero que por algo es típico, y tópico). Y eso, esa gran familia, no se la quita nadie.
 
Una pequeña mentirosa

jueves, 7 de enero de 2016

Prisionera del tiempo

Llevo meses intentando hablar con ella, vernos, quedar, ponernos al día. Sé que no puedo culpar a ninguna de las dos, pues la incompatibilidad de horarios es algo que siempre ha ido en nuestra contra. Y es que las horas, el tiempo, cura pero también mata. Que me lleve la contraria todo aquél que quiera, pero tengo, tenemos claro que el tiempo mata más que la distancia.

La distancia es esa gran enemiga entre dos personas que quieren verse, pero solo y simplemente entre ellas. El tiempo... El tiempo también va menguando los "tengo ganas de verte", y así mismo hace con las intenciones, fuerzas, emociones e ilusiones propias. Y ya solamente por eso, es el asesino por excelencia, en serie. Sí, en serie, porque la mata a ella y a todo aquél que no consigue estar ahí a tiempo.

Se da cuenta, aunque no crea que la culpa tenga que recaer en nadie en concreto, de que el tiempo la está vaciando al ritmo de un reloj de arena que acaba de darse la vuelta, a la misma velocidad que aquel tren que parte un minuto antes de lo esperado, dejando atrás a todo aquel que creía ir con el tiempo justo y necesario para subirse en él.

Entonces, ¿no será que le da demasiada importancia al tiempo en sí? ¿Es que tiene que estar siempre pendiente de una medida relativa impuesta por una sociedad que parece ir a contrarreloj?

Siente sus manos atadas a unas manecillas que la empujan en dirección contraria a aquello que anhela. Y por eso piensa utilizar sus piernas para salir corriendo detrás de ello, no para adelantarlo, sino para quedarse caminando, paseando a su lado.

Una pequeña mentirosa

jueves, 12 de noviembre de 2015

El juego de las quince preguntas

Soy de las que cree que con las preguntas adecuadas se puede llegar a conocer a una persona mucho más rápido de lo que nos podamos imaginar. No soy de buscar preguntas (al menos no normalmente), sino que dejo que me encuentren, y una vez las tengo, ¿para qué guardármelas? 
A veces tenemos miedo a preguntar, cuando es la forma más natural, simple y bonita de interesarnos por algo o por alguien. Y yo pregunto, pregunto mucho, hablo mucho, interrumpo  mucho pero también escucho, y mucho.

No sé si será por eso que parezco libre y desinhibida, quién sabe, quizás sí. Pero recordemos que las apariencias engañan y me sorprende dar esa sensación cuando la mía es que estoy atada de pies y manos en muchos aspectos de mi vida, la mayoría de las veces porque soy yo misma la que cierra las esposas y luego se traga la llave.
Pero sí que es cierto que haga lo que haga siempre intento divertirme, y puede que esa locura espontánea e inesperada se confunda con la libertad y la desinhibición, o quizás tenga un poco de todo, solo quizás. Y me resulta gracioso y a la vez fascinante que cuando pregunto siempre acabo respondiéndome dudas internas. Pienso mucho también, por si a caso no lo había dejado ver. 

Me lo tomo como un juego, uno con el que sólo juego con personas que realmente me importan y creo que pueden aportarme algo. Son quince preguntas que pueden parecer simples, estúpidas, sin sentido ni relación entre ellas, pero a mí me han dado mucha más información de la que me esperaba en diversas ocasiones.

Así que, por qué no preguntárselas a ella, que llevo (y llevamos) demasiado tiempo sin saber nada de lo que le ocurre. ¿Qué mejor que ir a la base y jugar juntos un rato?

1. ¿Carbonara o boloñesa? "Carbonara, sin lugar a dudas."
2. ¿Puerta abierta o cerrada? "Depende del sitio, el momento y la persona."
3. ¿Mar o montaña? "¿Tengo que elegir?"
4. ¿Frío o calor? "Adoro las capas, creo que con eso lo digo todo."
5. ¿Pueblo o ciudad? "Siempre he tenido los dos, y uno de ellos, no siempre el mismo, lo necesito para evadirme de todo."
6. ¿Luz encendida o apagada? "Apagada sólo y exclusivamente para dormir y ver películas de terror."
7. ¿Blanco o negro? "Negro, siempre."
8. ¿Primavera u otoño? "No se puede elegir entre tus dos estaciones favoritas del año."
9. ¿Vodka o ron? "No me preguntes por qué, pero el ron es demasiado dulce para mí."
10. ¿Con o sin pijama? "¿Pijama? ¿Eso se come?"
11. ¿Dulce o salado? "Siempre salado, hasta que alguien me trae algo con mucho chocolate."
12. ¿Playa o piscina? "Piscina con el olor del mar y el sonido de sus olas, el sueño de mi vida."
13. ¿Ducha o bañera? "No toquemos ese tema, a los 12 años me quitaron la bañera y es el gran trauma de mi infancia."
14. ¿Cine o paseo? "De nuevo, no veo la necesidad de elegir."
15. ¿Música o silencio? "Todos podemos encontrar nuestro propio silencio cuando estamos rodeados de música."
La conversación duró horas, las respuestas fueron mucho más extensas que las que he sido autorizada a escribir, pero consiste en que vosotros la conozcáis a vuestra manera y que yo sólo os dé una pincelada de lo que os espera detrás de su apariencia. 

Aún así, hubo una respuesta que creo que es una información que deberíais tener, o al menos recordar; pues me pareció curiosa a la vez que graciosa, un punto muy importante en ella.

"Te voy a explicar una cosa, en este mundo hay tres tipos de personas: los que prefieren ir al cine porque no saben apreciar la magia de un buen paseo, los que deciden ir a pasear porque en el cine hacen cualquier cosa, entre ellas molestar, menos ver la película, y a los que el doble plan nos parece el mejor jamás planteado."

Una buena clasificación que todos deberíamos tener en cuenta, y que podríamos hacer con cualquier pregunta que nos planteáramos, según mi punto de vista.

Porque conocer a las personas no sólo es pasar el rato con ellas. Es interesarse, es hablar, escuchar, reír, soñar juntos (o separados y compartir los sueños soñados), es querer saber más de lo que incluso esa persona sabe de sí misma. Y si no quieres, se nota, y si se nota, vete a jugar con otro.

Una pequeña mentirosa

martes, 23 de junio de 2015

Echar a reír

Me parece extraño, no puedo evitarlo, que uno de los momentos que más disfrute del día sea la vuelta a casa. No por el hecho de volver sino por la vuelta en sí. Hace poco descubrió que pensar podía ser un bonito hobby con sabor agridulce, y se dio cuenta que a ella le encanta la combinación de sabores. 

Vuelve, y en la vuelta recuerda que no debería volver. No debería volver a lo de siempre, a lo que nunca quiso que pasara y a lo que su mente, o su corazón pues ya no logra distinguirlos, le lleva a hacer. Lleva tatuada la palabra ilusión y no solo en la muñeca, porque sabe que es algo que la llena y la mata a la vez pero que no quiere perder. Y no sé si llamarla culpable sería lo adecuado, pues acusar a la propia ilusión sobrepasa el rozar lo pretencioso, pero la verdad duele y hoy pensando se ha hecho daño.
Esa ilusa inocencia que la envuelve enmascarada detrás del maquillaje de un "me da igual todo", esa inocente ilusión que la guía en sus pasos haciéndola creer que todos sienten como ella hace.

Y continúa siendo curioso, porque lo sigue intentando mientras tatua su palabra con solo rozar el mundo, pues ni los años ni los daños quitarán el brillo de sus ojos cuando se vuelva a echar a reír.

Una pequeña mentirosa

domingo, 14 de junio de 2015

(no) Te echo de menos

Recuerdo el primer día que hablamos como si fuese ayer. Podría decir que hacía un día estupendo, que el sol brillaba en lo alto del cielo mientras una suave brisa rozaba nuestras mejillas y que las nubes habían decidido tomarse unas horas de vacaciones, pero estaría mintiendo. Hacía frío, llovía a mares y para colmo no era un buen día, pero por eso me escribió.

Recuerdo que me derretí por dentro al saber lo que pensaba, las inquietudes que tenía, lo que realmente buscaba en la vida. Era tan simple y tan complicado al mismo tiempo que no supimos como encontrarle solución.

Ahora volvemos a encontrarnos en el mismo punto, anhelando aquello que una vez tuvo y que tanto le gustaba tener. No, no es nada materialista. Ama las sorpresas pero aquellas hechas con el corazón, no con la cartera. Y sí, le falta el acelerador, aquellos minutos de vida en que el corazón se le iba a salir del pecho por lo que estaba a punto de ocurrir, por lo que estaba ocurriendo.
Pero no echa de menos aunque ella crea que sí. Según el DRAE, "echar de menos" o "añorar" es recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido. Ahí lo tiene, no echa de menos pues no siente pena, de hecho lo recuerda con felicidad pero no acaba de entender por qué no puede seguir teniéndola.

No echa de menos que la llamen por las noches sin motivo aparente, para hablar durante un tiempo indefinido sobre algo completamente banal o sobre cómo salvar el mundo.

No echa de menos salir a desayunar por las mañanas.

No echa de menos un abrazo, de los que parecen sin motivo pero no podrían tener más significado.

No echa de menos que la secuestren, que sea ella la víctima de los planes improvisados.

No echa de menos mirar a los ojos y ver.

Nada de esto echa de menos, pues no es eso lo que ella hace. Solamente piensa en que todo vuelva a cruzarse, algún día u otro, en su camino.

Una pequeña mentirosa