lunes, 26 de diciembre de 2016

Hasta el año que viene

Hoy le va a hacer caso, porque sí, porque es un día especial y de vez en cuando puede llegar a hacer excepciones. 

Y creedme que ella hace pocas excepciones, muy pocas (aunque a veces no lo parezca). Pero cuando alguien lo merece, lo acepta, lo interioriza, sufre un poquito y entonces...
"Fue en primavera, aunque no está del todo segura porque recuerda ir en faldita y tirantes pero la meteorolgía de esas tierras es tan impredecible que puede que fuera otoño, quién sabe. Por aquél entonces llevaba una temporada con una especie de obsesión por los Teletubbies (todo en esta vida tiene explicación, lleva AÑOS queriendo disfrazarse de esos muñequitos de colores para Carnaval y aún no lo ha conseguido)."
 Hasta aquí sin ningún tipo de sentido, ¿verdad? Sigamos...
"Le enamora capturar momentos porque disfruta mucho recordándolos y tiene pánico a poder olvidarlos. Así que cogió la cámara y gritó ¡FOTOOOOOOO! Pero él no estaba. Y entonces su creatividad se disparó, como una bombilla fundida que de repente decide volver a funcionar, como el último fuego artificial que nadie espera. Sí, acabó estando en ese recuerdo que ella quería capturar de la mejor forma posible: disfrazado de Po de los Teletubbies."
Así fue como empezó todo, con una simple broma, un pequeño ataque de creativa malicia que acabó desembocando en una relación de amor-odio que ni ellos mismos, a día de hoy, acaban de entender.
Os prometo que yo los he visto y hay amor, mucho amor, pero son absolutamente incapaces de no llevarse la contraria cada dos por tres. Algunos lo llamarán dar una de cal y otra de arena, otros dirán que es un tira y afloja. ¿Yo? Yo a día de hoy lo llamo amistad.
"Aunque nunca lo diga, porque ya sabéis, estas cosas ella nunca las dice... le quiere. Por cómo habla, cómo piensa, cómo responde, cómo calla, cómo mira, cómo escucha, cómo se queja. Pero sobretodo por cómo abraza. ¿Alguna vez habéis sentido que una persona es capaz de hacerte respirar al mismo compás que su respiración en un abrazo? Ella sí. Porque tendemos a pensar que los mejores abrazos son aquellos que te dejan sin aliento, cuando realmente son aquellos que te lo regalan."
Entonces os preguntaréis, después de todo esto ¿hay algo que pueda cambiar a mejor? ¡Claro que lo hay! Si yo os contara...
Sí es cierto que en muchos momentos la saca de quicio a propósito, y ella lo sabe. Esas situaciones no entran en juego en esta ecuación de mejorar. Pero...
"La atención, sobretodo la atención a los detalles, a las pequeñas cosas (y no de los demás, sino propias). Si fuera capaz, en algún momento, de parar, analizar y pensar en todas las personas que tiene a su alrededor. ¡Ay! ¡Qué maravilloso sería! Le falta ser más atento, salir en algunos momentos de su burbujita y ver que la gente lo necesita, porque ella cree que a veces piensa que no le necesitan... ¡Y vaya si lo hacen! El día, ese día en que su cabeza haga ese click... Lo dicho, maravilloso."
Y aquí ha terminado, se ha negado a seguir porque una cosa es hacer excepciones y otra es hacer de la excepción un guión de teatro. Porque tened claro que esto no va a volver a pasar, lo ha dejado claro:
"Basta, ha sido suficiente, al menos por este año."

Una pequeña mentirosa. 
 
 
 

sábado, 24 de diciembre de 2016

Si puedes llorar, hazlo. Es simple.

Es simple, siempre lo ha sido. Aunque a veces parezca que no, sí, es cierto. Pero sólo lo parece. 

Es simple en hacer las cosas, no se complica a menos que la situación requiera cocinar (pero eso es algo de lo que hablaremos en otro momento).

Es simple cuando quiere (del verbo querer, y no de la expresión "cuando le da la gana"), aunque le cueste demostrarlo a lo grande - y como ella nunca ha sido de americanadas - tiene detalles, minúsculos a veces, casi imperceptibles, pero que día a día van sumando.

Es simple cuando se enfada y simple en sus reacciones. Que no hace falta que las intentéis entender, a veces son respuestas tan inocentes, sin adulterar, que parecen exageradas pero al cabo de un rato tendrán lógica, os lo prometo. 

Y es simple sintiendo, aunque sepa que a veces se malinterprete. Si le emociona una película, llora. Si una canción le remueve por dentro, llora. Si se enfada o no entiende algo, llora. Si siente impotencia, llora. Si ríe, llora (y mucho). 

¿Sabéis? Un día me dio un consejo que nunca olvidaré, pues cuando estos esconden verdades como templos es difícil hacerlos desaparecer de la memoria.
"Digan lo que digan, hablen lo que hablen, piensen lo que piensen...
Si puedes llorar, hazlo. Porque sólo las personas más valientes, aquellas que no tienen miedo de mostrar su verdadero interior, saben cómo hacerlo."

Una pequeña mentirosa


sábado, 22 de octubre de 2016

Ilusamente feliz

Si se cobrara por el odio gratuito, si la violencia verbal fuese recompensada, si la falta de respeto y educación estuvieran entre las actividades mejor pagadas de esta sociedad, ella conoce a más de una persona que sería millonaria. 

Parece ser que hoy en día a la gente le resulta complicado hacer sus vidas sin entrometerse en la de los demás, y no sólo entrometerse sino cerciorarse públicamente del daño causado. Es triste, pues una pierde la fe en la humanidad que, no hace falta ni decirlo, ya era poca. 

Puede que la llamen ilusa por ello y no le importa, pues la han llamado así por tantas cosas a lo largo de su vida que por una más no le hará más daño, o sí.
Ilusa por creer que algún día se encontrará en un entorno (cercano, porque sabe distinguir entre ilusión y utopía) libre de desprecios, de envidias insanas, de dañar por malicia e insultar con la mirada. Ilusa por pensar que algún día la razón le será dada por la persona adecuada (porque los de siempre, como el propio concepto indica, ya lo hacen) y que no será tratada como una loca ilógicamente histriónica. Ilusa por imaginar que se puede opinar sin criticar, que es posible vivir y dejar vivir, que todo es mucho más sencillo de lo que nos empeñamos en ver. 

Y será felizmente ilusa…
Ilusa por ilusionarse.


Una pequeña mentirosa

miércoles, 25 de mayo de 2016

Breve y bonito

Lleva unas semanas que nosé yo, que yo qué sé, que qué más da.
Replanteándose si merece la pena seguir intentándolo, pero no como las otras veces, de una manera distinta, con una actitud diferente. 

Siempre ha creído que una de las cosas más bonitas que hay es descubrir a las personas como si fuesen regalos con muchas capas de papel. Sin terminar nunca de descubrirse. Ni de sorprender.

Puede que sea ese el motivo por el que no es capaz de dejarlo, pues es una adicta sin remedio a las cosas bonitas.

Bonitas las personas que se abren en canal, bonitas también las que piden acertijos para entrar.
Bonitos los días de sol sobre la hierba, bonitos también, desde la ventana, los de lluvia eterna.
Bonita la chica que siempre corre para no perder el autobús, bonita la habitación cuando apaga la luz.
Bonito el querer, el seguir, intentar, ...

Bonito todo lo que esté por llegar.

Una pequeña mentirosa

lunes, 23 de mayo de 2016

Billete de ida

Se fue y ya no volvió
a ser la de antes.
Se fue por un tiempo
pensando que regresaría,
y en el camino de vuelta
eligió un destino distinto.

Distinto destino
al que nadie pudiese llegar.
Dónde fuese fácil pasar
por las vidas de la gente,
pasar sin llegar a entrar.

Sólo entrar en su habitación vacía
y tan hueca que la nada
la engulla,
la rapte,
sin retorno.
No hay prisa.

No hay prisa más hay urgencia
de querer,
de sentir,
de sentirse querida.

Hay urgencia más no hay ganas
de volver,
de seguir,
con la vida.

Una pequeña mentirosa

sábado, 26 de marzo de 2016

Toca-toca

Al menos tuvo la delicadeza de contarle lo que pasaba, lo que pensaba. Aunque bien pensado puede que no fuese de la forma más delicada.

Ella estaba cansada de pedir explicaciones, tampoco se sentía en el derecho de pedirlas. Estaba harta de preguntar, de hablar, de escuchar excusas que hasta un niño de parvulario podría elaborar con más gracia y coherencia. 

¿Puede que su reacción fuese exagerada? Sí, por supuesto. Pero hay que tener una cosa en cuenta: hay un momento, un sólo momento en el que ella, seriamente, exagera las reacciones... la falta de educación.

Se enfada con facilidad, aunque nunca ha sido rencorosa. Pero por mucho que pueda rebotarse, no va a negarle la palabra a nadie, no va a dejar que la persona que no quiere ver ni en pintura no pueda expresarse. Porque no, porque a ella no la han educado así.

Por eso sobreactúa, por eso dramatiza hasta el extremo cuando siente que es ella la que está al lado malo de esa educación inexistente, de esa falta de respeto. 

Y sólo hay una cosa, una sola cosa que puede soportar incluso menos que eso... el silencio. No el ajeno, como pudiese parecer, sino el propio.

El propio silencio de no poder decir todo esto a quien toca cuando toca lo que no toca.

Una pequeña mentirosa

domingo, 14 de febrero de 2016

Café americano o...

Hay historias que suceden para ser contadas, y otras que, aún sin haber sucedido, merecen ser contadas de todas formas. 

Fue un día cualquiera, de un mes cualquiera, en una ciudad cualquiera. Pero con Sol y ella sin gafas -situación complicada cuando era su primer día de vacaciones, ergo, del día anterior tenía sólo vagos recuerdos. 
Puede que se abrigara demasiado para salir, pues claramente no era un típico día de ese mes cualquiera, pero agradecía el pañuelo cuando en las esquinas el viento decidía arremolinarse. 
Llegó pronto, extremadamente pronto, pero su cuaderno, que llevaba cerrado  mucho tiempo, disfrutó de esos minutos de más sentada en la boca del metro.

Hablaron de la universidad, de lo que hacen y dejan de hacer, del día anterior y del siguiente. 
Y cómo no, tenía que ser así, pues toda buena historia -y quién diga lo contrario no está en su sano juicio- empieza con un café. 
Y de fiestas y salidas, y de planes realizados y por realizar, de bebidas -y café-, de sueños que soñaban dormidos y despiertos, de comida, mucha comida -y café-, de mil y una (o ciento y la madre, depende de lo finos que os sintáis hoy) banalidades que entre líneas dejaban ver algo más que la simple banalidad en sí misma -y café.

El café... fue gracioso porque no habían pasado más de dos días desde que lo comentaba con una compañera suya: 
"La gente que pide café americano... ¡No les gusta el café! Es agua con posos, ¡que pidan un té, un refresco, lo que sea, pero que no cometan semejante barbarie!"
- Buenas tardes, ¿qué os pongo?
- Un café largo, por favor.
- ¿Americano?
- Sí, gracias.
("¿Sí, gracias?" Por favor... ¡Pero si le estás insultando (al café)! No le des las gracias...)
- ¿Y para ti? 
- Yo tomaré un café con leche, gracias. 

Es curioso como su mente le hizo creer que todo sucede por alguna razón que nosotros mismos no podemos controlar. Y al final, cada día la importancia que le das a las cosas varía según el peso que ejerzan el resto de acontecimientos. Supongo que por eso no le dijo nada, quién sabe. 

Y podría contaros todos los paseos que dieron por esa ciudad cualquiera, que acabaron por cenar en uno de sus restaurantes favoritos, y que subieron a lo más alto para ver cómo las luces de la ciudad se fundían con el mar mientras la noche amanecía. 
¿Pero qué obtendría yo de eso? ¿Qué sacaría ella? Pues como se dijo aquella tarde:
"Café americano o la puta al río."
Así que tendréis que creer lo que queráis de esta historia: todo, nada, o sólo que aquel día tomó café... 

Y cómo no, tenía que ser así, pues toda buena historia -también- termina con un café... el que le deben a ella.

Una pequeña mentirosa
 

sábado, 13 de febrero de 2016

Recapitulando

Y vuelta a empezar. Cada vez duele más pero aún así, lo encaja mejor. ¿Será que está madurando? O quizás es que a todo se acostumbra una, incluso al dolor...
 
Hoy hace un día maravilloso, perfecto para pasar la tarde dando un paseo con un café en la mano y buena compañía. Y eso va a hacer, aunque se haya dejado las gafas de Sol, qué más dará, su cara intentando ver a través de los rayos de luz debe ser graciosa.
 
Eso es lo que no piensa perder, la gracia. Piensa seguir siendo la chica risueña de siempre aunque a veces no le sea del todo fácil. Va a seguir diciendo las mismas tonterías de todos los días y haciendo las mismas locuras que ha estado haciendo hasta ahora.
Porque como siempre dice:
"Está loca, majareta, pero las mejores personas lo están."
Y es que poco a poco va tomando forma, puede que no de la manera que ella imaginó unos años atrás, pero es una forma bonita, que le gusta y disfruta.
 
Este último año ha estado lleno de cambios y sorpresas, de dar la bienvenida y también de despedirse. Ella no ha cambiado, por eso. Como prometió, sigue siendo la chica que canta por la calle mientras escucha música, la que se pasa la parada de metro por estar escribiendo en su cuaderno, la que es incapaz de mantener su habitación en orden y su mente en blanco.
 
Pero es feliz. Feliz porque sabe que tiene a personas cerca suyo, y otras no tan cerca, que la quieren tal y como es. Con sus pros y sus contras, con sus subidas y bajadas y sus idas y venidas.
Creo que es lo que la hace especial; porque eso le dicen, que es especial, aunque ella no se lo haya creído ni una sola de las veces que se lo han dicho.
 
Y recapitulando, se siente afortunada, de la gente que ha dejado entrar, de la que ha dejado que se fuera y de a que aún sigue ahí. Pues de esas cosas son de las que debemos sentir orgullo, y lo sabe. Porque la familia la escogemos nosotros, entendiendo por familia como las personas que estarán a su lado pase lo que pase (típico tópico pero que por algo es típico, y tópico). Y eso, esa gran familia, no se la quita nadie.
 
Una pequeña mentirosa

jueves, 7 de enero de 2016

Prisionera del tiempo

Llevo meses intentando hablar con ella, vernos, quedar, ponernos al día. Sé que no puedo culpar a ninguna de las dos, pues la incompatibilidad de horarios es algo que siempre ha ido en nuestra contra. Y es que las horas, el tiempo, cura pero también mata. Que me lleve la contraria todo aquél que quiera, pero tengo, tenemos claro que el tiempo mata más que la distancia.

La distancia es esa gran enemiga entre dos personas que quieren verse, pero solo y simplemente entre ellas. El tiempo... El tiempo también va menguando los "tengo ganas de verte", y así mismo hace con las intenciones, fuerzas, emociones e ilusiones propias. Y ya solamente por eso, es el asesino por excelencia, en serie. Sí, en serie, porque la mata a ella y a todo aquél que no consigue estar ahí a tiempo.

Se da cuenta, aunque no crea que la culpa tenga que recaer en nadie en concreto, de que el tiempo la está vaciando al ritmo de un reloj de arena que acaba de darse la vuelta, a la misma velocidad que aquel tren que parte un minuto antes de lo esperado, dejando atrás a todo aquel que creía ir con el tiempo justo y necesario para subirse en él.

Entonces, ¿no será que le da demasiada importancia al tiempo en sí? ¿Es que tiene que estar siempre pendiente de una medida relativa impuesta por una sociedad que parece ir a contrarreloj?

Siente sus manos atadas a unas manecillas que la empujan en dirección contraria a aquello que anhela. Y por eso piensa utilizar sus piernas para salir corriendo detrás de ello, no para adelantarlo, sino para quedarse caminando, paseando a su lado.

Una pequeña mentirosa

jueves, 12 de noviembre de 2015

El juego de las quince preguntas

Soy de las que cree que con las preguntas adecuadas se puede llegar a conocer a una persona mucho más rápido de lo que nos podamos imaginar. No soy de buscar preguntas (al menos no normalmente), sino que dejo que me encuentren, y una vez las tengo, ¿para qué guardármelas? 
A veces tenemos miedo a preguntar, cuando es la forma más natural, simple y bonita de interesarnos por algo o por alguien. Y yo pregunto, pregunto mucho, hablo mucho, interrumpo  mucho pero también escucho, y mucho.

No sé si será por eso que parezco libre y desinhibida, quién sabe, quizás sí. Pero recordemos que las apariencias engañan y me sorprende dar esa sensación cuando la mía es que estoy atada de pies y manos en muchos aspectos de mi vida, la mayoría de las veces porque soy yo misma la que cierra las esposas y luego se traga la llave.
Pero sí que es cierto que haga lo que haga siempre intento divertirme, y puede que esa locura espontánea e inesperada se confunda con la libertad y la desinhibición, o quizás tenga un poco de todo, solo quizás. Y me resulta gracioso y a la vez fascinante que cuando pregunto siempre acabo respondiéndome dudas internas. Pienso mucho también, por si a caso no lo había dejado ver. 

Me lo tomo como un juego, uno con el que sólo juego con personas que realmente me importan y creo que pueden aportarme algo. Son quince preguntas que pueden parecer simples, estúpidas, sin sentido ni relación entre ellas, pero a mí me han dado mucha más información de la que me esperaba en diversas ocasiones.

Así que, por qué no preguntárselas a ella, que llevo (y llevamos) demasiado tiempo sin saber nada de lo que le ocurre. ¿Qué mejor que ir a la base y jugar juntos un rato?

1. ¿Carbonara o boloñesa? "Carbonara, sin lugar a dudas."
2. ¿Puerta abierta o cerrada? "Depende del sitio, el momento y la persona."
3. ¿Mar o montaña? "¿Tengo que elegir?"
4. ¿Frío o calor? "Adoro las capas, creo que con eso lo digo todo."
5. ¿Pueblo o ciudad? "Siempre he tenido los dos, y uno de ellos, no siempre el mismo, lo necesito para evadirme de todo."
6. ¿Luz encendida o apagada? "Apagada sólo y exclusivamente para dormir y ver películas de terror."
7. ¿Blanco o negro? "Negro, siempre."
8. ¿Primavera u otoño? "No se puede elegir entre tus dos estaciones favoritas del año."
9. ¿Vodka o ron? "No me preguntes por qué, pero el ron es demasiado dulce para mí."
10. ¿Con o sin pijama? "¿Pijama? ¿Eso se come?"
11. ¿Dulce o salado? "Siempre salado, hasta que alguien me trae algo con mucho chocolate."
12. ¿Playa o piscina? "Piscina con el olor del mar y el sonido de sus olas, el sueño de mi vida."
13. ¿Ducha o bañera? "No toquemos ese tema, a los 12 años me quitaron la bañera y es el gran trauma de mi infancia."
14. ¿Cine o paseo? "De nuevo, no veo la necesidad de elegir."
15. ¿Música o silencio? "Todos podemos encontrar nuestro propio silencio cuando estamos rodeados de música."
La conversación duró horas, las respuestas fueron mucho más extensas que las que he sido autorizada a escribir, pero consiste en que vosotros la conozcáis a vuestra manera y que yo sólo os dé una pincelada de lo que os espera detrás de su apariencia. 

Aún así, hubo una respuesta que creo que es una información que deberíais tener, o al menos recordar; pues me pareció curiosa a la vez que graciosa, un punto muy importante en ella.

"Te voy a explicar una cosa, en este mundo hay tres tipos de personas: los que prefieren ir al cine porque no saben apreciar la magia de un buen paseo, los que deciden ir a pasear porque en el cine hacen cualquier cosa, entre ellas molestar, menos ver la película, y a los que el doble plan nos parece el mejor jamás planteado."

Una buena clasificación que todos deberíamos tener en cuenta, y que podríamos hacer con cualquier pregunta que nos planteáramos, según mi punto de vista.

Porque conocer a las personas no sólo es pasar el rato con ellas. Es interesarse, es hablar, escuchar, reír, soñar juntos (o separados y compartir los sueños soñados), es querer saber más de lo que incluso esa persona sabe de sí misma. Y si no quieres, se nota, y si se nota, vete a jugar con otro.

Una pequeña mentirosa

martes, 23 de junio de 2015

Echar a reír

Me parece extraño, no puedo evitarlo, que uno de los momentos que más disfrute del día sea la vuelta a casa. No por el hecho de volver sino por la vuelta en sí. Hace poco descubrió que pensar podía ser un bonito hobby con sabor agridulce, y se dio cuenta que a ella le encanta la combinación de sabores. 

Vuelve, y en la vuelta recuerda que no debería volver. No debería volver a lo de siempre, a lo que nunca quiso que pasara y a lo que su mente, o su corazón pues ya no logra distinguirlos, le lleva a hacer. Lleva tatuada la palabra ilusión y no solo en la muñeca, porque sabe que es algo que la llena y la mata a la vez pero que no quiere perder. Y no sé si llamarla culpable sería lo adecuado, pues acusar a la propia ilusión sobrepasa el rozar lo pretencioso, pero la verdad duele y hoy pensando se ha hecho daño.
Esa ilusa inocencia que la envuelve enmascarada detrás del maquillaje de un "me da igual todo", esa inocente ilusión que la guía en sus pasos haciéndola creer que todos sienten como ella hace.

Y continúa siendo curioso, porque lo sigue intentando mientras tatua su palabra con solo rozar el mundo, pues ni los años ni los daños quitarán el brillo de sus ojos cuando se vuelva a echar a reír.

Una pequeña mentirosa

domingo, 14 de junio de 2015

(no) Te echo de menos

Recuerdo el primer día que hablamos como si fuese ayer. Podría decir que hacía un día estupendo, que el sol brillaba en lo alto del cielo mientras una suave brisa rozaba nuestras mejillas y que las nubes habían decidido tomarse unas horas de vacaciones, pero estaría mintiendo. Hacía frío, llovía a mares y para colmo no era un buen día, pero por eso me escribió.

Recuerdo que me derretí por dentro al saber lo que pensaba, las inquietudes que tenía, lo que realmente buscaba en la vida. Era tan simple y tan complicado al mismo tiempo que no supimos como encontrarle solución.

Ahora volvemos a encontrarnos en el mismo punto, anhelando aquello que una vez tuvo y que tanto le gustaba tener. No, no es nada materialista. Ama las sorpresas pero aquellas hechas con el corazón, no con la cartera. Y sí, le falta el acelerador, aquellos minutos de vida en que el corazón se le iba a salir del pecho por lo que estaba a punto de ocurrir, por lo que estaba ocurriendo.
Pero no echa de menos aunque ella crea que sí. Según el DRAE, "echar de menos" o "añorar" es recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido. Ahí lo tiene, no echa de menos pues no siente pena, de hecho lo recuerda con felicidad pero no acaba de entender por qué no puede seguir teniéndola.

No echa de menos que la llamen por las noches sin motivo aparente, para hablar durante un tiempo indefinido sobre algo completamente banal o sobre cómo salvar el mundo.

No echa de menos salir a desayunar por las mañanas.

No echa de menos un abrazo, de los que parecen sin motivo pero no podrían tener más significado.

No echa de menos que la secuestren, que sea ella la víctima de los planes improvisados.

No echa de menos mirar a los ojos y ver.

Nada de esto echa de menos, pues no es eso lo que ella hace. Solamente piensa en que todo vuelva a cruzarse, algún día u otro, en su camino.

Una pequeña mentirosa

martes, 9 de junio de 2015

Sal

Lleva unos días con una inquietud dentro que no acaba de entender, como tantas otras cosas en esta vida. Pero hoy… hoy sí que no podía entenderlo.
Les voy a explicar lo que se ha dedicado a hacer esta mañana hasta que algo la ha atrapado por completo, haciendo que se decida a escribirme.

Ayer fue un día duro, así que después de ver - y por fin del tirón- la película de La Bella y la Bestia en VHS, la atrapó el sueño. Así que esta mañana se ha levantado temprano y ha mirado por la ventana como de costumbre: “joder, vaya mierda de día” - sí, ella es muy refinada-. Los días nublados no la ponen de mal humor pero tampoco se lo mejoran, la dejan apática, sin vida, sin ganas. 

Ha decidido que un buen desayuno podría arreglarle el día, así que mientras se hacía el café, ha cortado unas cerezas en el fondo de un vaso, les ha añadido unas galletas picadas y lo ha terminado con un cremoso yogur natural. Riquísimo. Bueno, la verdad es que la cosa no iba tan mal… Estaba descansada, tenía toda la mañana para no hacer absolutamente nada -recoger la habitación cuenta como “absolutamente nada”- y la brisilla fresca que entraba por la ventana a medio abrir se agradecía. 

Una vez desayunada, siempre se encarga de ponerse al día. La mayoría de gente de su edad suele ser de vida nocturna pero ella siempre ha sido rara, así que ocupa un ratito de su mañana para ver lo que estos animales de la noche se han dedicado a hacer, y normalmente no es nada altamente interesante. Un momento, no puede ser…

Tiene miedo porque no sabe lo que le está pasando. No sabe si es su imaginación o es real, a veces la mente puede jugar muy malas pasadas. Pero es que lo ve tan evidente que se está volviendo loca. Además, no es la primera vez que le pasa últimamente, puede que se esté volviendo demasiado predecible, o peor aún, demasiado común.
Pero tiene miedo, de volverse a hacer autoexpectativas, de sentir cosas que realmente no siente por el hecho de tenerlas que vivir sola. Porque, escúchenme, hay muchos tipos de sentimientos y muchas formas de clasificarlos, pero supongamos que existen los “sentimientos propios” y los “sentimientos compartidos” - porque los “ajenos” son sentimientos propios de otra persona, ergo ya clasificados-, no intenten meter unos en la caja de los otros, saldrá mal. No sé si lo habrán acabado de entender, a mí la verdad es que me ha sido un poco difícil y más a estas horas, así que me ha puesto un ejemplo según ella “for dummies” que puede que les sirva a ustedes también.
"Imagínate que hablas con tu mejor amigo de irte de vacaciones en verano, a los dos os parece estupendo y estáis súper emocionados con la idea, y tomáis la decisión de acabarlo de planear cuando acabéis las clases. Hasta aquí perfecto, existe un “sentimiento compartido de irse de vacaciones”. Pero hasta entonces, tú te dedicas a organizar el viaje, buscar sitios, mirar vuelos, y todo lo que se hace cuando se organizan unas vacaciones. Lo haces bajo tus gustos, aunque puedas saber más o menos sobre los de tu amigo, y entonces es cuando sin querer ese “sentimiento compartido” se convierte en “mi sentimiento de irme de vacaciones”. Cuando vuelves a ver a tu amigo y se lo explicas todo, él ve que lo que le estás contando ya no es “vuestro” sino sólo “tuyo”, así que ya no le interesa."
Y esa última parte es la que le da más miedo de todas. 

No sabe qué hacer, pues no puede dejar de pensar porque es algo que hace continuamente, incluso cuando no quiere hacerlo. Si lo confiesa la tratarán de loca, pero si no lo hace se volverá loca de verdad; loca de todas formas. 
Así que ha buscado un punto medio, confesándose conmigo:
“Sal de mi cabeza.”

Una pequeña mentirosa

viernes, 5 de junio de 2015

*Paréntesis*

Lleva más de dos años sin escribirme, bueno, de hecho sin compartir lo que escribe porque sé que sigue escribiendo. No os preocupéis, porqué me ha dado una explicación y me ha dado permiso para compartirla.

Quiero explicar por qué no opino sobre todo lo que hay escrito, por qué decido hacer saltos en el tiempo ignorando algunas de las palabras.
A veces simplemente disfruto con la lectura, me hace sonreír, llorar, pero no reflexionar; por lo que decido no coger el bolígrafo. 
Otras, no quiero. O no puedo. Son momentos en los que mi corazón se encoge tanto que no tengo fuerzas para que mi mente escriba. 
Está bien, me tomé el escribirte como una autoreflexión, y podría escribir con el corazón y dejar por una vez la cabeza en otra parte. Pero aún no me he atrevido a hacer eso en todos los mis años de vida, no conscientemente.
Por eso quiero decirte que en todo este tiempo he decidido no escribirte, pues hay temas que, a día de hoy, aún no se tocan. Y para esto, por ahora, no hay discusión que valga.
No era lo que esperaba, sinceramente, y no pensé que tardara tanto. Pero me ha escrito, y eso significa que todo vuelve a su lugar. Estoy impaciente por saber cómo sigue la historia, por si decide contarme lo que ha pasado o simplemente seguirá donde lo dejó, hablándome de lo que piensa como si nada hubiera ocurrido.

Me pica mucho la curiosidad, ¿a vosotros no?

Una pequeña mentirosa

jueves, 7 de marzo de 2013

Por un día de Sol

Hoy ha salido a la calle y la luz del día, esa luz que hacía tiempo que no asomaba por el cielo, la ha llenado de buen humor. El Sol la recarga, la reconforta, le da fuerzas para empezar y terminar el día. Pero la atención de la estrella solar no es la única que quiere ni la única que necesita. 

No es capaz de describir lo que siente, sabe que le falta algo pero no conoce el qué. Puede que sea orden, eso es, puede que su vida en estos momentos carezca de la organización y el sentido que tenía hasta hace poco. Iba todo tan bien antes... No entiende porqué ha tenido que cambiar. Está bien, está bien. Cierto es que un camino monótono no sería interesante, ¡pero su camino era intenso y vivaz! ¿En qué momento tomó otra dirección? ¿Cuándo giró a izquierda o derecha en lugar de seguir recto? No recuerda dicha bifurcación en el camino de su existencia. 

Y ha sido hoy, después de meses de sospechas y suposiciones, cuando se ha dado cuenta de que algo no va bien. Pero tampoco sabe qué es lo que debería hacer para que fuese bien. No encuentra una alternativa razonable para cambiar lo que tiene ahora, pero tampoco la encuentra para tener que quedarse con ello. Está en el limbo del sendero, un lugar del que no sabe cuándo podrá salir o, al menos, hallar la forma para hacerlo. 

Es posible que, parte del problema sea que se basa demasiado en cómo se sienten los demás para saber la forma en que se tiene que sentir ella misma. No es cuestión de cómo se sientan ellos, sino de lo que tú sientas independientemente de lo que le pase a la gente que te rodea. Pero siempre le ha importado más de lo que debería el qué harán, qué dirán y qué pensarán... Podríamos decir que es su talón de Aquiles. Relajarse... eso es lo que necesita; pero no unas vacaciones, sino sentir que haga lo que haga estará bien, que no tiene prisa pero tampoco debe dormirse en los laureles, vivir como ella quiera y no como otras personas esperan que lo haga. 

Aún así, tampoco lo está haciendo del todo mal. A veces las experiencias ajenas hacen que uno mismo se de cuenta de lo que quiere en realidad. La envidia nunca es mala, mientras no se desee mal a nadie. Pero para poder unificar con armonía: necesidad, (auto)estima y satisfacción, harán falta muchas caídas y aprender a apartar más de una piedra del camino.

Una pequeña mentirosa

jueves, 8 de noviembre de 2012

Atada

Cada día se plantea un nuevo reto, sin saber ni si quiera si hará el intento de llevarlo a cabo. El problema llega cuando la botella se abre dos veces, caen dos papelitos a la vez o simplemente no recuerda haberla abierto ya.
Todo empieza a acumularse, uno encima del otro, a los lados, delante, incluso se entrometen en su interior. Y cuando tienes tantos objetivos por cumplir, tu vida se centra en eso, y la pierdes, pierdes tu vida por completo. Todo se centra en conseguir lo que te propones pero, sin vida ¿qué vas a conseguir?
Todo se convierte en nada, y entonces la nada lo es todo.

Y necesita volver a empezar, partir de cero. Pero no puede... Tiene demasiadas cosas entre manos. Hay días que le gustaría parar; más que le gustaría, le iría bien. Simplemente para recuperarse un poco y volver a ser ella misma, o al menos una pequeña parte de lo que un día llegó a ser. Porque está irreconocible, ya no se la ve,es intermitente, como una estrella a punto de apagarse, como una luna que sólo brilla cuando el Sol quiere.

Pero, ¿y si su Sol ya no está? Puede que eso sea el origen de todo, la raíz del problema, la solución a todas sus dudas. Pero ya lo he dicho, está tan ocupada en conseguir cosas pendientes que ni si quiera tienen tiempo para pensar en ella.

Una pequeña mentriosa

lunes, 30 de julio de 2012

Envidias

Le rebienta, no soporta que la gente hable sin saber. Creen que porque ellos lo harían tu también lo haces y no es así. Cada vez que están juntos es la misma película, y llega un momento en que cansa, cansa y mata porque sabe que los que pagarán las consecuencias seran ellos mismos y acabarán mal.

Y que pasa, ¿que un chico y una chica no pueden ser amigos? ¿Que por el simple hecho de que bailen juntos y sean muy cariñosos ya se tiene que hablar más de la cuenta? Ella no lo ve así. Las amistades se crean con las personas, no con los cuerpos; es lo que le han enseñado desde pequeña. Y sabe, que mientras la cabeza sea consciente, los besos y los abrazos son una simple muestra de cariño que no significan nada más mientras sus labios no se rocen. Pero eso los demás no lo entienden.

¿Sabéis? En dos años se ha convertido en una persona muy importante para ella, y nunca haría algo que pudiera poner en peligro lo que juntos han creado. Y le gusta demostrar lo mucho que le quiere, si tiene que cargar con los platos rotos lo hará, hasta que tenga que abrir ojos y cerrar bocas. Pero no piensa dejar de ser cómo es con él, porque es una de las pocas personas que le deja ser como realmente es ella; y si para agradecerselo tiene que soportar que la gente hable de más, que lo hagan. Ella le tendrá a él, y ellos sólo tendrán envidia.

Una pequeña mentirosa

lunes, 23 de julio de 2012

Un, dos, tres... ¡TE ENCONTRÉ!

Uñas a rallas azules, un lápiz HB que viaja de su boca a su pelo cada cinco minutos, cientos de hojas de papel con respuestas correctas y miles de preguntas sin respuesta en su cabeza.

Es duro escuchar ciertas cosas y hacer como si nada, cree que la gente a veces no llega a darse cuenta de la magnitud de las palabras que pronuncian sin pensar. Lleva días llegando tarde a los sitios porque se queda dormida, por las noches se despierta a las cuatro de la madrugada y no es capaz de conciliar el sueño porque su mente no hace ni una puta pausa.

Y aunque le moleste que siempre pase lo mismo, durante 8 años ya, dentro de lo que cabe está acostumbrada. Sabe por qué está así y por qué su mente, su cuerpo y su corazón se comportan como niñatos infantiles cuando llegan estas fechas, haciendo de la más mínima memez, una montaña entera.

En unos días se le pasará, y es completamente normal que lo pase mal. Pasó hace años pero, después de tenerlo tanto tiempo en el olvido, lo aceptó el año pasado; y eso duele.
A veces sigue pensando que volverá, que está de viaje o que ella no sabe encontrarlo, que el juego del escondite del último día se alargó demasiado... Pero no es así, y no le resulta nada fácil darse cuenta de que la que se escondía era ella, y hace mucho tiempo que dejaron de buscarla.

Una pequeña mentirosa

miércoles, 18 de julio de 2012

Sabes cuando leerlo

Esta mañana he estado en su cuarto. Aún siendo feliz como lo es ahora, ese desorden exterior sigue reflejando el descontrol de ideas que la han perseguido desde siempre. Se hace esperar, le gusta ver como la gente aguarda su llegada y así darse cuenta de aquellos que esperarían por ella lo que hiciera falta.

Bajo su cama, justo en la esquina derecha había una caja forrada de seda semitransparente de un color dorado ocre. Dentro de ella, recuerdos, del más insignificante al más importante pero todos han marcado algo en su vida: su primera rosa de amor, ya seca pero que aun suelta perfume; entradas de cine con las letras del título de la película ya borradas; notitas de envío aereo... Y una carta. No iba dirigida a nadie, pero me ha hecho recordar que le costará mucho deshacerse de ella porque es una parte de su vida, de su personalidad, al que está aferrada con uñas y dientes. Pero se nota su sensatez, deja ver la madurez que ha tenido que acoger a la fuerza con los años. Hoy, a través de esa carta, la he podido ver desnuda, sin ataduras ni máscaras, débil e indefensa pero con mil y una cosas que mostrar...

"¿Crees que va a ser fácil? Nunca ha sido fácil, no lo va a ser ahora. Sólo necesitas un poco más de lo de siempre; aguanta, pero con la verdad por delante. No te achantes por cualquiera que se interponga en tu camino. Eres lo suficientemente fuerte, y lo sabes, como para apartar a quienquiera que se meta en medio.

Lucha por lo que quieres, sea lo que sea y cueste lo que cueste. No vuelvas a tropezar con la piedra de la responsabilidad; no merece la pena. Hazlo, y hazlo con ganas. No necesitas a nadie que te ayude, ni si quiera un empujón. Has estado sola desde el principio, así que puedes conseguirlo por tu cuenta, lo sabes.

Y piensa un poco en ti. Olvídate de los demás y sé un poco más egoísta. Guárdate esos consejos para ti, porque sino cuando los necesites no los tendrás.
Y recuerda, no tienes que ser fuerte, ya lo eres."

Una pequeña mentirosa

miércoles, 11 de julio de 2012

Killing me softly

Para su sorpresa, todo prospera. Es increíble que sus sueños se estén cumpliendo a la primera: pidió el mejor verano de su vida, y hasta ahora, lo está teniendo. 

Encontró con quien compartir risas, cosas en común, a todas horas del día; descubre que tiene potencia, que la gente puede fijarse en ella porque ha trabajado mucho para conseguirlo; se siente considerada, reconocida, recompensada; y se le avecina un futuro que le llena la cara de luz y alegría, y el alma de entusiasmo. Ahora ya ni si quiera le entran ganas de escribirme, está tan concentrada en seguir su camino... que se olvida de mí. Pero me alegro, prefiero eso a que en un día me lleguen cien mil mensajes suyos con todos esos problemas que no le dejaban tener la cabeza tranquila. 

Le entran ganas de compartir, de saltar, de ofrecer y dar, de divertir, de correr, de reír a carcajadas y volver, volver a sonreír, permanentemente; y es que es eso, esa sonrisa dibujada en su cara que no se borra ni con la noche más lluviosa. Impresionante el vuelco que puede dar una vida en tan poco tiempo, ¿verdad? Yo aún no me lo creo... pero quiero creérmelo. Porque las cosas, ciertas o no, sólo llegan a su plena certeza cuando los demás se la conceden. Y toda esta historia, su historia, puede, debe y necesita ser real.

Being your friend, is killing me softly...

Una pequeña mentirosa